"Nunca cambies"
Recuerdo la primera vez que escuché esta frase: era mi último día de clases de la secundaria y por alguna extraña razón, todos, sin excepción se despedían de esta manera, tal vez sin saber su pequeño niño se aferraba a su infante entorno feliz; porque, para variar, todo a su alrededor esta cambiando, la música, las calles, la moda, los autos, incluso uno mismo...
Pasan los años y te das cuenta de que la metamorfosis no fue solamente que creció pelo donde antes no había, o que se cayó el pelo de donde antes estaba, o que salieron bolas en lugares que ahora te hacen lucir como un ser mas convencional, mas apegado a los modelos de las tiendas y revistas, llegando a tal grado el cambio que la parte que no se ve, la que forma tu yo interior cambió también... y resulta que un día el “nunca cambies” cambió a “me gustas tal como eres” cuando arrullado por ángeles te encuentras en los brazos de esa tu pareja sentimental, en un momento dulce y cálido, donde el tiempo parece detenerse... pero oohh sorpresa! Resulta que el tiempo no se detiene y, tal como antes, todo sigue cambiando: las cosas cambian, uno cambia, los sentimientos cambian.
Así es, esta es la noticia que uno recibe cuando le agarra el gusto entre otras cosas a la tan deseada estabilidad (sentimental, familiar, laboral, etc) y es inevitable pues el auto que te costó uno y la mitad del otro resulta que su valor ya cambió y lo tienes que vender por muuucho menos de lo que te costó, también cambia tu ambiente pues todo se llena de casas y casas y parece que no te dejarán espacio para construir esa “mansión o choza” que en tu mente un día diseñaste y tal vez recorriste, cambia también la ropa pues ahora ya no te queda... (si, la que se encogió fue la ropa!) y finalmente cambian tus sentimientos, pues con los tropiezos comienzas a entender a tus padres, sus decisiones, sus problemas y sus gozos también, cambian los sentimientos pues aquella persona que un día te hizo tocar el cielo hoy te hace tocar el suelo... el suelo de la realidad, en la que juntos la comparten con ojos diferentes, con rostros diferentes, pero hacia un mismo destino, pues las ilusiones que un día se tejen se convierten en verdades que puedes tocar y ciertamente el sentimiento cambió...
Y ahora ese “nunca cambies” me sabe mas chicle de fresa y a paleta manita, me huele a arena y sal, a el primer café, y se siente a sudorsito en las manos, y entiendo ahora que hay cosas, situaciones y sentimientos que siempre están ahí, pero están cambiando, y maravillosamente resulta también que las riendas de ese cambio se encuentran en nuestras manos...
Pasan los años y te das cuenta de que la metamorfosis no fue solamente que creció pelo donde antes no había, o que se cayó el pelo de donde antes estaba, o que salieron bolas en lugares que ahora te hacen lucir como un ser mas convencional, mas apegado a los modelos de las tiendas y revistas, llegando a tal grado el cambio que la parte que no se ve, la que forma tu yo interior cambió también... y resulta que un día el “nunca cambies” cambió a “me gustas tal como eres” cuando arrullado por ángeles te encuentras en los brazos de esa tu pareja sentimental, en un momento dulce y cálido, donde el tiempo parece detenerse... pero oohh sorpresa! Resulta que el tiempo no se detiene y, tal como antes, todo sigue cambiando: las cosas cambian, uno cambia, los sentimientos cambian.
Así es, esta es la noticia que uno recibe cuando le agarra el gusto entre otras cosas a la tan deseada estabilidad (sentimental, familiar, laboral, etc) y es inevitable pues el auto que te costó uno y la mitad del otro resulta que su valor ya cambió y lo tienes que vender por muuucho menos de lo que te costó, también cambia tu ambiente pues todo se llena de casas y casas y parece que no te dejarán espacio para construir esa “mansión o choza” que en tu mente un día diseñaste y tal vez recorriste, cambia también la ropa pues ahora ya no te queda... (si, la que se encogió fue la ropa!) y finalmente cambian tus sentimientos, pues con los tropiezos comienzas a entender a tus padres, sus decisiones, sus problemas y sus gozos también, cambian los sentimientos pues aquella persona que un día te hizo tocar el cielo hoy te hace tocar el suelo... el suelo de la realidad, en la que juntos la comparten con ojos diferentes, con rostros diferentes, pero hacia un mismo destino, pues las ilusiones que un día se tejen se convierten en verdades que puedes tocar y ciertamente el sentimiento cambió...
Y ahora ese “nunca cambies” me sabe mas chicle de fresa y a paleta manita, me huele a arena y sal, a el primer café, y se siente a sudorsito en las manos, y entiendo ahora que hay cosas, situaciones y sentimientos que siempre están ahí, pero están cambiando, y maravillosamente resulta también que las riendas de ese cambio se encuentran en nuestras manos...
